Enfermedad de Stargardt

La Enfermedad de Stargardt, también conocida como degeneración macular juvenil, es una enfermedad hereditaria de la retina que afecta principalmente a la mácula, la zona responsable de la visión central y del reconocimiento de detalles.

Forma parte del grupo de las distrofias hereditarias de retina y se caracteriza por una afectación predominante de los conos, las células encargadas de la visión diurna y de la percepción de los colores.

La enfermedad suele aparecer en la infancia, adolescencia o juventud, aunque la edad de inicio y la evolución pueden variar entre personas.

Síntomas principales

La Enfermedad de Stargardt suele manifestarse de manera progresiva y afecta principalmente a la visión central:

Disminución de la agudeza visual

Es el síntoma más frecuente. Las personas afectadas presentan dificultad progresiva para leer, reconocer caras o percibir detalles con nitidez.

Alteración en la visión de los colores

Puede existir dificultad para distinguir correctamente algunos colores debido a la afectación de los conos.

Fotofobia

Muchas personas presentan sensibilidad aumentada a la luz intensa.

Dificultad para la lectura

La afectación de la mácula puede provocar problemas para fijar la vista y leer textos pequeños.

Aparición de mancha central

Con la progresión de la enfermedad puede desarrollarse una zona borrosa o mancha en el centro del campo visual.

Evolución habitual

La progresión puede variar entre personas, aunque generalmente sigue una evolución lenta y progresiva.

1

Fase inicial

La retina puede tener un aspecto aparentemente normal y los primeros síntomas suelen ser dificultades visuales leves.

2

Fase intermedia

Aparece una pérdida más evidente de visión central y dificultad para realizar tareas de precisión como leer o reconocer rostros.

3

Fase avanzada

La mácula presenta cambios característicos y la pérdida de visión central puede ser importante, aunque normalmente se conserva la visión periférica.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante una exploración oftalmológica completa y pruebas específicas de retina. Las pruebas más utilizadas incluyen:

  • Fondo de ojo.
  • Tomografía de coherencia óptica (OCT).
  • Autofluorescencia retiniana.
  • Electroretinograma (ERG).
  • Angiografía fluoresceínica en algunos casos.
  • Estudio genético.
  • Microperimetría.

La autofluorescencia suele mostrar depósitos característicos llamados flecks, muy frecuentes en esta enfermedad.

Genética y herencia

La Enfermedad de Stargardt tiene origen genético y, en la mayoría de los casos, se hereda de forma autosómica recesiva.

El gen más frecuentemente implicado es el ABCA4, aunque existen otras variantes genéticas menos frecuentes. La enfermedad aparece cuando una persona hereda dos copias alteradas del gen, una de cada progenitor.

El estudio genético permite:

  • Confirmar el diagnóstico.
  • Identificar el gen responsable.
  • Conocer el patrón de herencia.
  • Valorar el acceso a ensayos clínicos y futuras terapias.

¿Qué ocurre en la retina?

La enfermedad provoca una acumulación anormal de sustancias tóxicas en las células de la retina, especialmente en el epitelio pigmentario retiniano.

Con el tiempo, esto produce una degeneración progresiva de:

  • El epitelio pigmentario.
  • Los fotorreceptores de la mácula.
  • La visión central.

Tratamiento y seguimiento

Actualmente no existe una cura definitiva para la Enfermedad de Stargardt, pero existen medidas que pueden ayudar a preservar la calidad de vida.

Entre ellas:

  • Ayudas de baja visión.
  • Filtros solares y protección frente a la luz intensa.
  • Rehabilitación visual.
  • Adaptaciones escolares y laborales.
  • Asesoramiento genético.

La investigación en terapias génicas, terapia celular y nuevos tratamientos farmacológicos está avanzando rápidamente y existen diversos ensayos clínicos en marcha.

Calidad de vida y apoyo

La pérdida de visión central puede afectar al estudio, el trabajo y muchas actividades cotidianas. El apoyo psicológico, la rehabilitación visual y el acompañamiento por parte de asociaciones de pacientes son fundamentales para favorecer la autonomía y la adaptación.

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